Notas económicas sobre la ley de defensa a la competencia

Por Federico Pronesti

Hace tiempo tuve la oportunidad de hablar frente a una clase sobre la teoría que enmarca la defensa a la competencia. Tuve ciertos momentos en los cuales me sentí aterrado sobre las ideas erróneas que hay en la profesión sobre la necesidad de normativas y regulaciones al libre ejercicio de los derechos.

Es cierto por una parte que en la gran mayoría de las cátedras del país se enseña el derecho desde una perspectiva Iuspositivista, con cierto apego al viejo lema de Ulpiano sobre la equidad: “dar a cada uno aquello que le corresponde”. Sin embargo el quiz de la cuestión radica ahí: ¿Quien es cada uno?

Una acotada mirada sobre la ley de defensa a la competencia, lamentablemente mayoritaria en muchos colegas, tiende a creer que el bien que protege esta ley es como reza el título: La competencia. Es decir, la competencia entre distintas empresas, de esto se desprendería que el sujeto de derecho de tal ley deberían ser las empresas y no los consumidores.

Sin embargo aquí comienza la cuestión, el bien tutelado de la ley es el mercado de competencia perfecta. La teoría económica, – ampliamente odiada en el rubro abogadil – sostiene que un mercado de competencia perfecta es aquel donde existe una gran cantidad de oferentes y una gran cantidad de demandantes de determinado bien o servicio. (Un mercado es donde se encuentra la oferta y la demanda). La ventaja de los mercados de competencia perfecta radica en que se obtiene el punto de equilibrio perfecto en los precios. A grandes rasgos, al haber tantos oferentes cualquiera que quisiera cobrar más por el mismo producto dejaría de vender porque el cliente iría a comprar a otro lado. Lo mismo sucede a la inversa, al haber tantos demandantes todos los vendedores pueden colocar sus productos al precio que sostiene el mercado.

Esto por lo general en la Argentina no sucede y la ley de Defensa a la Competencia suele no aplicarse. Lo contrario a un mercado de competencia perfecta es un monopolio. Un monopolio es donde existe un sólo oferente y muchos demandantes – o viceversa -. Por ejemplo en el caso de la telefonía fija con Telefonica y Telecom. Estas empresas pueden fijar sus precios a gusto ya que el cliente no tiene la posibilidad de migrar de empresa, ya que la cobertura de las mismas se encuentran reguladas. Este es uno de los orígenes de las distorsiones de los precios. Lo mismo puede suceder a la inversa: hay un sólo comprador para un producto y muchos oferentes, tal como se denunció eventualmente con La Serenisima. Existen muchos pequeños productores tamberos a los cuales se le abona un precio muy bajo por la producción ya que si se quiere vender de otra forma deben pasteurizarlas, envasarlas y llevarlas ellos mismos a los supermercados de todo el país, algo virtualmente imposibles.

Tanto Telecom, Telefonica y La Serenisima en estos casos estarían estableciendo los precios, ya que son los únicos que pueden regular el sistema de precios.

El listado de prácticas anticompetitivas que enuncia la ley, no es igual a romper un reglamento de reglas de juego (tocar la pelota con la mano); sino que debe como característica sine qua non ser un agravio para el interés económico general, es decir atentar contra los mercados de competencia perfecta.

Lo cierto es que el procedimiento de aplicación y en especial su sección probatoria – escasa o inexistente- hace al menoscabo del derecho que quiere resguardarse. Para que una ley de estas características pueda tener una aplicación cierta debería tener en su procedimiento una descripción detallada de los puntos anteriores y su forma de probarse. A saber:

  • Que es un mercado
  • Hasta donde aplica la dimensión de un mercado.
  • De que manera se demuestra la dimensión del mismo.
  • Como se demuestran las prácticas anticompetitivas.

Pero más importante aún, ¿Que bienes o servicios como sociedad estamos buscando resguardar del menoscabo de los monopolio u oligopolios? Ya que carece de sentido tratar de generar un mercado de competencia perfecta de autos de lujo.